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Tacones: ¿Autoestima y poder?

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En esta entrega recupero un artículo que escribí para el magazine virtual TuEspai. Me ha parecido apropiado a tenor del lanzamiento de mi tienda online y para aportar más información sobre mi gusto por los tacones.   Es un contenido elaborado desde la emoción que me generan los tacones y la pedagogía de un tema que tiene que ver con la satisfacción de una necesidad básica, como lo es el vestir. Espero les guste.

“Es noche vieja 2012 y recibo vía móvil una felicitación de año nuevo. Al final de la felicitación y en tono emocionado venía una frase: “Aquí estoy, subida a unos tacones. Es impresionante la sensación de poder que tengo.” Y de seguida una petición: “Tienes que escribir un artículo sobre tacones.” Ya han pasado algunos meses de esa solicitud y la verdad, aunque soy una fanática de los tacones no se me había ocurrido escribir sobre ellos.

A mí los tacones me gustan de toda la vida. Siendo niña me encantaba subirme a los tacones. Quizás porque era natural en mi casa ver entrar y salir a mi madre y a mis tías subidas a unos cuantos centímetros de más, ya fuera para el día a día como para ocasiones especiales.   Y a medida que me iba haciendo  mayor, solo quería poder calzarme mis tacones con toda libertad. Ya era consciente que la sensación de caminar erguida, con elegancia,  era maravillosa. Caminar con unos centímetros de más me aportaba seguridad. Pero con el paso del tiempo, esa simple sensación, en mi caso, se ha convertido en una pasión (o en una adicción??). Yo solo de ver un zapato de tacón bien hecho me emociona. Veo en ellos no solo el diseño, los  pruebo, los veo una y otra vez, los camino por toda la tienda  y la sensación de bienestar es indescriptible.

Pero aparte de esta sensación, el uso de los tacones tiene muchas connotaciones. De hecho, no a todas las mujeres les gustan. Aunque su origen tiene que ver más bien con la necesidad de proteger el pie ante las inclemencias del tiempo y de las condiciones del suelo,  la historia demuestra que el zapato ha sido también un símbolo de “status” y de “poder”; y aunque por generaciones han sido un objeto unido a la feminidad y el glamour, un par de zapatos con tacones fue alguna vez un accesorio esencial y exclusivo para hombres.

Los jinetes persas los usaban para engancharse mejor a sus monturas y poder lanzar sus flechas de forma efectiva. Luis XVI, «el Rey Sol», no sólo impulsó sus originales y extravagantes costumbres de vestuario, sino que fue el primero en utilizar tacones en sus zapatos masculinos y que además eran de color rojo. A medida que el uso se fue democratizando y con la llegada de la era de la ilustración, el calzado de tacón fue siendo adquirido solo para uso femenino. Sin embargo, en el siglo XXI encontramos hombres (tengan cargos de poder o no) que usan tacones (alzas les dicen ahora) para compensar su baja estatura (como ejemplo se puede citar al ex presidente francés, Nicolás Sarkozy).

El zapato de tacón alto estiliza la figura, hace que las piernas se vean más delgadas y dan un toque de elegancia y distinción a quien los lleva. También son el objeto de deseo sexual por excelencia. Un fetiche que gracias a la pornografía (y a la fotografía) es el rey en muchas fantasías masculinas y femeninas.

Quitando la connotación de poder sexual que un zapato de tacón pueda tener,  algunas mujeres prefieren llevarlos a una reunión importante, para realizar ciertas transacciones y para cuando tienen que enfrentar una situación de confrontación laboral, ya sea con subordinados o con sus superiores. En este sentido y dado que la desigualdad de géneros aún persiste en el mundo laboral (y en otros campos también), ser mujer con tacones al parecer es una ventaja comparativa.

También hay que tomar en cuenta que este tipo de calzado puede no ser el más cómodo, pero hoy en día el diseño de calzado está muy adecuado a la ergonomía y motricidad del pie para evitar los daños que su uso continuado (y de forma inadecuada) puede causar. Por otro lado, no es trivial cómo se lleven, si se sabe o no caminar con ellos y si se es capaz de reaccionar rápido ante una emergencia (aunque se ha demostrado que se puede correr con tacones…).

A todo esto, nunca he visto a los zapatos de tacón como un símbolo de poder. De hecho mujeres como Cristine Lagarde y Michelle Obama no van con stilettos. Llevan, la primera, un tacón bastante cómodo (un poco mas de 4cms) y la Primera Dama de EEUU va con zapatos planos. Sin embargo, en otros casos, son el complemento indispensable para “estar” a la altura  de las circunstancias (es el caso de la Princesa Letizia, con sus tacones de 10cms). Otras por el contrario, ya tienen poder sin estar encima de unos tacones, pero sin embargo aparecen sobre éstos cada vez que tienen ocasión. Es el caso de  Cristina Zarapova cuando está fuera de las canchas de tenis, Carolina Herrera, o Helen Mirren.

Desde mi punto de vista el zapato puede, según qué mujeres y circunstancias, aportar esa seguridad y autoestima que se requiere en un momento determinando; esa cuota de “poder”. Ahora, a las que nos gustan los tacones (y esto para mi es una verdad verdadera), usarlos va más allá de la sensación de mirar a otros desde las alturas o estar a su altura. Es sentirnos estilizadas, aunque tengamos unos kilos de más; es llamar la atención de nuestros zapatos para que no vean el grano horroroso que tenemos en la cara o que simplemente no medimos lo que Charlize Teron. Es sentir que el paso de zebra es una alfombra roja por donde desfilamos erguidas, dignas y sensuales cuando nos han dicho que ya no tenemos un puesto de trabajo. Creo que allí es donde radica su poder. En hacerte sentir única y con las energías necesarias para afrontar cada día, con sus soles y sus lunas.”

**Si quieres hacer un comentario sobre este post, no lo dudes. Me encantará saber lo que piensas al respecto**

Comments

  • Rosana -

    Este articulo es segunda vez que lo leo y me encanta! me hace sentir muy orgullosa de ser mujer y de que me gusten los tacones!

    • Elena -

      Muchas gracias por tu comentario Rosana. Si es maravilloso calzarte unos tacones, salir a la calle y sentir que puedes con todo. Cariños!

  • Pingback: A un mes del Debut, con la linterna siempre a punto. | Elena Zárate

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